
Cómo la tecnología médica puede reducir la huella ambiental
Cada 5 de junio, el Día Mundial del Medio Ambiente invita a reflexionar sobre cómo utilizamos los recursos disponibles para generar un mayor impacto. En el sector salud, esa conversación ocurre todos los días en hospitales, centros de diagnóstico y unidades de atención que enfrentan una creciente demanda de servicios mientras gestionan infraestructura, personal, equipos médicos e insumos.
De acuerdo con la WHO Foundation, la atención sanitaria representa cerca del 5% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero1. Parte de ese impacto proviene de la energía necesaria para operar hospitales, salas de diagnóstico, quirófanos, unidades críticas y cadenas de suministro asociadas a la prestación médica.
En ese escenario, la tecnología médica y la Inteligencia Artificial (IA) pueden ayudar a usar mejor los recursos disponibles, digitalizando procesos y reduciendo ineficiencias que también tienen un costo ambiental. Nos referimos a estudios repetidos, equipos encendidos durante más tiempo del necesario, traslados adicionales, esperas prolongadas, consumo de insumos y mantenimiento correctivo que pudo prevenirse.
En diagnóstico por imágenes, por ejemplo, la IA ayuda a mejorar la calidad de las imágenes desde la adquisición, agilizar los tiempos de procesamiento y priorizar estudios según criterios clínicos. Esto permite aprovechar mejor la capacidad instalada de hospitales y centros médicos, reducir interrupciones operativas y fortalecer la eficiencia de los servicios de diagnóstico.
La optimización de procesos también tiene un impacto ambiental. Cada estudio realizado correctamente desde el primer intento evita consumo adicional de energía, tiempo clínico e infraestructura. De igual forma, una mejor gestión de agendas, equipos y flujos de trabajo permite reducir tiempos improductivos y aprovechar de manera más eficiente los recursos disponibles.
Algunas instituciones ya observan resultados concretos. El Foro Económico Mundial ha documentado experiencias en las que el uso de sistemas inteligentes para la gestión de quirófanos y consumo energético permitió reducciones de hasta 25 % en el uso de energía en salas de operación2. Estos avances muestran cómo la innovación puede generar beneficios clínicos, operativos y ambientales de manera simultánea.
En países como Perú, donde los sistemas de salud enfrentan desafíos relacionados con acceso, disponibilidad de especialistas y creciente demanda de atención, la eficiencia adquiere un valor estratégico. Cada mejora en productividad, capacidad diagnóstica o utilización de recursos contribuye a fortalecer la sostenibilidad del sistema y ampliar el alcance de la atención médica.
La relación entre salud y sostenibilidad seguirá estrechándose durante los próximos años. La incorporación de tecnologías capaces de generar información más útil, optimizar procesos y apoyar decisiones clínicas permitirá avanzar hacia sistemas de salud más resilientes, preparados para responder a las necesidades de los pacientes y a los desafíos ambientales que acompañan al desarrollo del sector.
En el Día Mundial del Medio Ambiente, la sostenibilidad encuentra una expresión concreta en la manera en que se utilizan los recursos disponibles para generar mejores resultados.
Una decisión clínica respaldada por información más precisa, un estudio realizado con mayor eficiencia o una operación hospitalaria optimizada forman parte de ese esfuerzo por construir una atención médica más sostenible para las personas y para el entorno.



