Señales del TEA nivel 1 que padres y docentes no deben pasar por alto

A pocas semanas del inicio del año escolar, muchas familias comienzan a prestar mayor atención al comportamiento social y emocional de sus hijos. En este contexto, comprender qué es el Trastorno del Espectro Autista (TEA) nivel 1, condición que anteriormente se denominaba síndrome de Asperger, puede resultar clave para una detección oportuna.

El TEA es una condición del neurodesarrollo caracterizada por dificultades persistentes en la comunicación e interacción social, junto con patrones de comportamiento o intereses restringidos. Aunque a nivel internacional se estima que alrededor del 1 % de la población se encuentra dentro del espectro, en el Perú aún no existen estudios epidemiológicos consolidados; sin embargo, el Ministerio de Salud ha reportado miles de atenciones vinculadas a esta condición en los últimos años.

“El TEA nivel 1 puede confundirse con rasgos de personalidad como timidez o introversión. La diferencia está en la persistencia de las dificultades y en el impacto que generan en distintos entornos, especialmente en el colegio”, explica Giovany Rivera Ramírez, médica psiquiatra y coordinadora académica de Medicina Humana de la Universidad Norbert Wiener.

Señales que pueden observarse en el entorno escolar

Con el incremento de las demandas sociales, algunas manifestaciones pueden hacerse más evidentes:

- Dificultad para integrarse en trabajos grupales o establecer vínculos con compañeros.
- Problemas para comprender normas sociales no explícitas o interpretar bromas e ironías.
- Lenguaje excesivamente formal o poco acorde a la edad.
- Resistencia marcada ante cambios de rutina.
- Ansiedad en situaciones sociales o recreativas.

Estas conductas deben analizarse considerando su frecuencia e impacto en el desempeño académico y emocional del estudiante.

Muchas señales pueden advertirse desde la primera infancia, pero suelen hacerse más claras cuando el niño enfrenta mayores demandas sociales. "La detección temprana permite iniciar intervenciones oportunas, disminuir el riesgo de ansiedad o baja autoestima y favorecer una mejor adaptación escolar", sostiene Rivera.

El diagnóstico es clínico y multidisciplinario; no existe una prueba de laboratorio específica. Por ello, la observación constante de padres y docentes resulta clave para una derivación oportuna. "Más allá del diagnóstico, el objetivo es brindar herramientas que potencien las habilidades del niño y promuevan su inclusión. Comprender la diversidad es el primer paso para garantizar su bienestar", concluye la psiquiatra de la Universidad Norbert Wiener.

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