¿Podrías tener hepatitis sin saberlo? 4 mitos que retrasan su detección

Sentirse bien, no presentar dolor o no notar cambios visibles en el cuerpo suele interpretarse como una señal de buena salud. Sin embargo, cuando se trata de hepatitis B y C, la ausencia de síntomas no siempre significa estar libre de riesgo.

En Perú, esta falsa sensación de tranquilidad puede retrasar el descarte oportuno de una enfermedad que muchas veces avanza en silencio. Según el Ministerio de Salud, se estima que más de 100 mil personas son portadoras de hepatitis B que se encuentran entre todas las regiones del país, mientras que entre 30 y 60 mil personas padecerían hepatitis C.

"Las hepatitis B y C representan un desafío porque pueden evolucionar durante años sin generar síntomas evidentes. En muchos casos, el diagnóstico se realiza cuando la enfermedad ya ha ocasionado complicaciones graves, como cirrosis o cáncer de hígado. Por ello, la detección temprana mediante chequeos y pruebas de descarte es clave para iniciar un tratamiento oportuno y prevenir daños irreversibles", señala la Dra. Evelyn Fuentes, médico de familia de los Complejos Hospitalarios Barton y Kaelin, operados por IBT Group.

Creencias que retrasan el descarte oportuno

La falta de diagnóstico oportuno de esta enfermedad se relaciona con la dificultad para identificarla por diversas creencias erróneas que llevan a muchas personas a subestimar el riesgo y postergar las pruebas de descarte. Entre los principales mitos, se encuentran los siguientes:

Si no tengo síntomas, no tengo hepatitis: La hepatitis B y C pueden permanecer silenciosas durante años. Una persona puede continuar con sus actividades habituales y recién presentar señales cuando ya existe daño hepático avanzado. Por eso, el descarte no debe depender únicamente de la aparición de molestias.

La hepatitis siempre se contagia por comida: Esta idea se relaciona principalmente con la hepatitis A, que puede transmitirse por alimentos o agua contaminada. En cambio, la hepatitis B se transmite por sangre, relaciones sexuales sin protección y de madre a hijo durante el parto. La hepatitis C, por su parte, se transmite principalmente por contacto con sangre.

El uso del preservativo no reemplaza la vacunación contra la hepatitis: El preservativo ayuda a reducir riesgos y debe mantenerse como medida de protección. Sin embargo, la hepatitis B también puede transmitirse por heridas, tatuajes o piercings realizados en lugares inseguros, objetos con restos de sangre o durante el parto. Por eso la vacunación sigue siendo necesaria.

Los remedios naturales pueden curar la hepatitis B o C: Infusiones, hierbas o productos caseros no eliminan estos virus. Confiar únicamente en ellos puede hacer que una persona pierda tiempo valioso para recibir orientación médica, confirmar el diagnóstico o iniciar el tratamiento correspondiente.

¿Cómo puede cambiar el diagnóstico una evaluación a tiempo?

En hepatitis B, el diagnóstico permite iniciar seguimiento, evitar el abandono y proteger también al entorno familiar. En hepatitis C, la detección es clave porque actualmente existen tratamientos antivirales que pueden curar a más del 95% de personas tratadas, de acuerdo con la OMS y los CDC.

Además de realizarse pruebas de descarte cuando existe riesgo de exposición, la vacunación es la principal medida para prevenir la hepatitis B. Según el esquema nacional de vacunación del Minsa, las personas de 15 a 59 años deben recibir tres dosis, disponibles de manera gratuita en los establecimientos de salud públicos. "Completar el esquema ofrece una protección altamente efectiva y reduce de forma significativa el riesgo de desarrollar enfermedades hepáticas crónicas. Por ello, mantener la vacunación al día es una decisión que protege la salud a largo plazo", concluye la Dra. Fuentes.

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