
Lo que un niño vive antes de los 3 años influye más de lo que parece
Los primeros años de vida son los más intensos del desarrollo humano. Lo que un niño o niña vive, escucha, siente antes de los 3 años -en casa o en un servicio educativo, influye profundamente en cómo aprende a hablar, a relacionarse, explorar y construir sus primeros aprendizajes. Sin embargo, muchas familias aún asocian esta etapa únicamente al cuidado físico, alimentar, bañar, dormir, y no siempre reconocen que en esos mismos momentos también se construyen lenguaje, seguridad emocional, curiosidad y pensamiento.
"Educar en los primeros años no significa adelantar contenidos ni convertir la casa en una pequeña primaria. Significa reconocer que los bebés y niños pequeños aprenden cuando un adulto los mira, responde a sus gestos, juega, canta, lee y organiza ambientes seguros para explorar.
En los primeros años, alimentar, cambiar, consolar o acompañar el descanso no son sólo tareas de cuidado: también pueden ser experiencias que promueven el desarrollo del pensamiento, el lenguaje y las habilidades socioemocionales", explica Lucía Guerrero, docente de la Facultad de Educación de la PUCP, quien enfatiza que el aprendizaje se da desde que el bebé nace.
¿Qué pueden hacer las familias desde casa?
Conversar desde los primeros meses. Hablarles a los bebés, nombrar lo que ocurre en acciones cotidianas, responder a sus sonidos y gestos para fortalecer el lenguaje, comunicación y vínculo afectivo.
Jugar, cantar y moverse juntos. Incorporar juegos de manos, canciones con movimientos, rimas y juegos corporales como bailar juntos. Estas experiencias favorecen la atención compartida, la memoria, el ritmo y el disfrute de estar con otros.
Ofrecer oportunidades de exploración segura. No hace falta comprar juguetes especiales. Una olla y un cucharón de madera, una caja con objetos de distintos tamaños y elementos naturales como hojas secas o flores. Durante la exploración descubren cómo funcionan estos elementos y se facilita el aprendizaje a través del descubrimiento.
Evitar el uso de pantallas durante los primeros años y priorizar la interacción con personas, ya que el aprendizaje temprano se desarrolla principalmente a través del contacto humano.
Generar momentos de lectura compartida. Desde bebés, los niños disfrutan compartir libros con adultos que les muestran imágenes, nombran objetos y convierten la lectura en un momento cercano. Los cuentos cortos, rimas e ilustraciones ayudan a fortalecer el lenguaje y el vínculo afectivo con sus cuidadores.
"Hablar de Educación Inicial también es hablar de desigualdad. No basta con decirles a las familias que hablen, jueguen o lean más con sus hijos. También tenemos que preguntarnos si cuentan con tiempo, libros, espacios seguros y redes de apoyo. No todas las familias tienen las mismas condiciones para acompañar los primeros años de vida", señala la docente Guerrero.
El Día de la Educación Inicial invita a mirar con mayor seriedad lo que ocurre antes de los 3 años. Esta etapa no es una espera hasta que empiece la verdadera educación; es un momento decisivo en el que niñas y niños se comunican, exploran, participan y aprenden a través del vínculo con adultos disponibles.



