¿Cuántos hospitales continuarían brindando sus servicios tras un desastre?

Ante un sismo, una inundación u otra emergencia, los centros de salud deben estar preparados para mantener sus servicios, incluso cuando la demanda puede aumentar. Sin embargo, según alertó la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES), solo el 18% de los hospitales e institutos evaluados entre 2022 y 2025 podrían seguir funcionando después de un desastre.

Esto implica que muchos establecimientos podrían enfrentar limitaciones para continuar atendiendo debido a daños estructurales y no estructurales, interrupciones en el suministro de insumos médicos y deficiencias en su gestión del riesgo y capacidad de respuesta.

La herramienta detrás de esta cifra es el Índice de Seguridad Hospitalaria (ISH), desarrollado por la Organización Panamericana de la Salud y adoptado por el Ministerio de Salud como parte de su política de Hospitales Seguros frente a los Desastres. El índice evalúa 145 componentes de seguridad y capacidad de respuesta y clasifica a cada establecimiento en una de tres categorías.

- La categoría A corresponde a los que probablemente sigan funcionando en un desastre. En esta categoría se encuentra el 18% de los hospitales evaluados;

- La B, a los que podrían ver comprometida su capacidad de funcionamiento durante y después de un desastre. En esta categoría se encuentra el 36% de los hospitales evaluados;

- La C, a los que no es probable que puedan funcionar durante ni después de un desastre. En esta categoría se encuentra el 46% de los hospitales evaluados.

Cabe precisar que este análisis no considera la situación de toda la red de hospitales. Solo 100 hospitales e institutos, equivalentes al 56% del total, han reportado evaluaciones. Es decir, además de contar con una mayoría de establecimientos evaluados que requiere mejoras, existe una parte importante de la infraestructura cuya capacidad para enfrentar un desastre todavía no ha sido determinada.

Proteger un hospital cuesta poco y salva lo que no tiene precio

La vulnerabilidad de la infraestructura sanitaria ante sismos ya ha dejado graves consecuencias en el Perú. Tras el terremoto de Pisco de 2007, el Hospital Antonio Skrabonja quedó destruido y el Hospital San Juan de Dios sufrió severos daños, por lo que ambos tuvieron que ser reubicados y reconstruidos.

El problema no es solo que la estructura del edificio se vea comprometida. Es que, cuando eso pasa, se pierden camas, quirófanos, bancos de sangre, y esa capacidad no se recupera de un día para otro. Reconstruir un hospital toma años y una inversión enorme, mientras que la gente que necesita atención sigue llegando todos los días.

A causa del terremoto de 2007, el 62% de las camas hospitalarias de la región Ica se perdió, dificultando la atención médica de las víctimas. Más de 800 pacientes tuvieron que ser trasladados a hospitales de Lima por vía aérea o terrestre debido a la gravedad de su condición, según una investigación de la Universidad Peruana Cayetano Heredia.

Frente a este escenario, prevenir resulta mucho más barato que reconstruir. Según la Organización Mundial de la Salud y el Banco Mundial, incluir medidas de protección contra terremotos y fenómenos climáticos desde el diseño de un nuevo hospital aumenta la inversión en apenas 4%, pero puede evitar pérdidas humanas y millonarios costos de reconstrucción.

En los hospitales que ya existen, proteger equipos y otros elementos que no forman parte de la estructura cuesta alrededor del 1% de lo invertido en la obra y puede resguardar hasta el 90% del valor del hospital, ayudando a que siga funcionando y atendiendo a pacientes durante una emergencia.

"No todos los hospitales necesitan lo mismo ni con la misma urgencia. Los hospitales en categoría C del Índice de Seguridad Hospitalaria, que requieren acciones urgentes para garantizar la continuidad de servicio y la seguridad de los pacientes y el personal médico, deberían ser prioridad. Sin embargo, no sabemos en qué situación se encuentran más del 40% de los hospitales del país, y eso hace imposible priorizar y planificar. Debemos pasar de la incertidumbre a una evaluación clara, y de la evaluación a una intervención efectiva", concluyó Puccio.

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