Cómo lidiar con el estrés académico en adolescentes

Para numerosos padres, acompañar a un adolescente en su etapa escolar puede convertirse en un desafío emocional que genera dudas preocupación y, en ocasiones, impotencia. El estrés académico es más que sentir nervios antes de un examen. Se trata de una respuesta del organismo cuando el joven percibe que las exigencias estudiantiles superan sus capacidades disponibles.

“El estrés crónico afecta profundamente no solo el rendimiento actual, sino también su bienestar emocional y futuro profesional, dado que la adolescencia es una etapa de cambios profundos y el cerebro aún se encuentra en desarrollo”, afirma la doctora Violeta Pereyra, experta en Ciencias de la Educación y Psicopedagogía y docente de la maestría de Psicología Educativa de la Universidad Norbert Wiener.

La especialista explica cómo identificar el estrés académico y, sobre todo, cómo apoyar a los adolescentes de manera saludable desde casa.

Señales de alerta que no debes ignorar

A nivel emocional: irritabilidad repentina, tristeza constante o procrastinación persistente. En casos extremos, pueden aparecer pensamientos negativos recurrentes.

Síntomas físicos: cansancio recurrente, alteraciones en el sueño, dolores de cabeza u otras molestias sin causa médica aparente.

Dificultades cognitivas: problemas para concentrarse, olvidos frecuentes, indecisión y una caída notable en las calificaciones.

Cambios sociales: aislamiento de la familia o amigos, pérdida de interés en actividades que antes disfrutaba.

Estrategias para implementar en casa

El hogar debe ser un espacio de acompañamiento seguro. Estas son las recomendaciones de la especialista:

Predicar con el ejemplo. Los adolescentes aprenden más de lo que ven que de lo que escuchan. Si les pides calma, procura también manejar tus propias emociones de manera equilibrada.

Establecer rutinas consistentes. Horarios regulares para comer, dormir y compartir en familia reducen la incertidumbre y generan sensación de seguridad.

Respetar sus intereses. Facilita espacios para que practique deportes, arte o música. Estas actividades no solo previenen el estrés, sino que fortalecen su identidad y autonomía.

Validar sus emociones. Hazle saber que cuenta con tu apoyo incondicional. Permite que exprese libremente lo que siente sin temor a ser juzgado o reprimido.

Cuidar la forma en la que te comunicas. Evita críticas, comparaciones o exigencias excesivas para mantener el diálogo abierto. Escuchar activamente, respetar la individualidad y elegir momentos adecuados para conversar ayuda a que el adolescente no active respuestas defensivas.

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