Cómo cuidar tu salud durante las comidas de verano

Durante el verano, las reuniones familiares, parrillas, salidas a la playa y encuentros sociales suelen venir acompañados de comidas abundantes y un mayor consumo de bebidas azucaradas o alcohólicas. Si no se manejan con moderación, estos hábitos pueden generar malestar digestivo, deshidratación y un incremento significativo en la ingesta calórica. Según el Ministerio de Salud, 6 de cada 10 adultos mayores de 18 años ya presentan obesidad o sobrepeso, una cifra que cobra especial relevancia en épocas donde la alimentación suele volverse más desordenada.

Las comidas de verano pueden incrementar la densidad calórica de las comidas y puede generar un mayor esfuerzo para el sistema digestivo, especialmente cuando se consumen en exceso o en horarios inadecuados. "En verano, además, el riesgo de deshidratación aumenta, por lo que una alimentación pesada puede intensificar la sensación de fatiga, hinchazón o malestar", señala Lic. Nathaly Rivera Alarcón, nutricionista de la Clínica Stella Maris.

Recomendaciones para una comida equilibrada

La especialista comparte algunas pautas prácticas para disfrutar de la temporada sin descuidar la salud:

Planificar porciones razonables: Evitar repetir platos y escuchar las señales de hambre y saciedad ayuda a prevenir excesos.

Mantenerse activo después de comer: Caminar 10 minutos después de cada comida favorece el tránsito intestinal, mejora la digestión y ayuda a controlar los picos de glucosa en la sangre.

Optar por platos balanceados: En cada comida, equilibrar los alimentos, asegurando que las verduras (frescas o cocidas) ocupen la mitad del plato. Luego, se sirven las proteínas (pollo, pescado o carnes magras), y en el espacio restante se añade algún carbohidrato de preferencia, como arroz, papa o menestras. La preparación se complementa con alguna grasa saludable, como palta o aceitunas.

Preferir técnicas de cocción saludables: Asar, hornear, hervir o cocinar al vapor reduce el aporte de grasa frente a frituras o salsas pesadas.

Moderar bebidas azucaradas y alcohólicas: Priorizar agua, refrescos naturales o agua frutada sin azúcar y frutas enteras en lugar de jugos procesados.

Cuidar los horarios de comida: Evitar omitir o retrasar comidas principales, ya que esto incrementa el picoteo en las medias mañanas o tardes. Hay que recordar que un snack no reemplaza una comida completa.

Promover una mesa inclusiva: Al momento de elegir las preparaciones para la familia, es importante actuar con empatía hacia las personas que viven con diabetes, hígado graso u otras condiciones de salud que requieren ajustes en su alimentación. Respetar, apoyarlos y acompañarlos, contribuye al bienestar de todos.

Un enfoque preventivo para disfrutar sin riesgos

La nutricionista enfatiza que el objetivo no es restringir las comidas típicas de la temporada, sino adoptar decisiones informadas que reduzcan el riesgo de malestares digestivos o descompensaciones metabólicas. Planificar las comidas, moderar las porciones, asegurar una buena hidratación, escuchar señales de hambre y saciedad (alimentación consciente), y mantener un consumo diario no mayor a 2400 calorías en hombres y 2200 calorías en mujeres, son medidas simples que permiten disfrutar del verano sin afectar la salud.

Artículos relacionados

Back to top button