5 claves para aprovechar la llegada de viajeros en eventos deportivos

Mientras el mundo entero tiene los ojos puestos en el Mundial 2026, con México recibiendo más de 10 millones de visitantes extranjeros durante el torneo, según la Secretaría de Turismo de México, una pregunta se vuelve urgente para cualquier destino que aspire a ser sede de un gran evento deportivo: ¿está realmente preparado para capitalizar esa oportunidad o solo gestionará la operativa de unos días?

"Un gran evento deportivo puede alcanzar niveles de visibilidad y proyección internacional difíciles de conseguir con una campaña turística convencional, al situar el territorio en el centro de la atención de audiencias masivas e hiperconectadas. A ese impacto inmediato se suma un potencial transformador a largo plazo, tal como demostró el histórico efecto Barcelona 92", señaló Oleg Lazovski, director del Máster en Dirección y Gestión de Hotelería en EAE Business School.

Por ello, el especialista identifica cinco claves que todo destino turístico debe tener resueltas antes de recibir a los viajeros que llegan por un gran evento deportivo:

Garantiza la seguridad del visitante desde el primer día. Sin protocolos claros de seguridad, ningún destino puede sostener una afluencia masiva de turistas sin comprometer su reputación internacional, justo en el momento de mayor exposición mediática.

Habilita espacios de aparcamiento para vehículos externos. Un punto que suele subestimarse, pero que se convierte en un cuello de botella crítico cuando miles de visitantes llegan en automóvil a un mismo destino en pocos días.

Informa con anticipación a la población residente. Minimizar el impacto de la masificación empieza por preparar a los propios habitantes del destino, evitando fricciones entre visitantes y comunidad local que puedan dañar la experiencia de ambos.

Asegura señalización y comunicación multilingüe. Contar con información clara en diferentes idiomas facilita la movilidad del visitante internacional, reduce problemas de orientación y contribuye a una experiencia más satisfactoria.

Descentraliza las actividades para evitar aglomeraciones. Concentrar todo en un único punto satura los servicios básicos y de emergencia. El error más frecuente que cometen los destinos es no establecer aforos por zonas, lo que genera situaciones de riesgo que comprometen la seguridad y el destino.

"Lima 2019 demostró que el éxito de un evento reside en el legado que deja en infraestructuras, capacidades organizativas y posicionamiento internacional, no solo en los visitantes que atrae durante su celebración. El sector turístico peruano debería aprovechar esa lección para diversificar su oferta y reforzar los vínculos entre turismo, cultura y comunidad local de cara a futuros eventos", agregó Oleg Lazovski de EAE Business School.

Un destino debe comenzar a prepararse al menos tres años antes de un gran evento; en el caso de un megaevento, el horizonte mínimo se amplía a cinco años o más. La diferencia entre un destino que aprovecha bien la oportunidad y uno que la desaprovecha no se mide en los días de competición, sino en lo que ocurre después: la continuidad de las infraestructuras, el retorno económico a la comunidad anfitriona y la capacidad de convertir a un espectador puntual en un turista que regresa.

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